viernes, 30 de junio de 2017

La animación sociocultural como metodología específica de intervención con personas mayores



La animación sociocultural

Se plantea también, necesariamente, como una metodología de trabajo en grupo y en interacción personal y que puede buscar la consecución de diversos objetivos, ya sean de aprendizaje (animación formativa), de comunicación y de relación interpersonal (animación relacional) o con una mayor proyección terapéutica (animación estimulativa).

De este modo, la utilización de determinadas técnicas y conocimientos propios de la animación de grupos, entendida como antítesis de la metodología tradicional escolar o de corte academicista, ofrece un sentido relacional y lúdico que se convierte en la base de la acción pedagógica en la vejez. En este caso, y aunque la mayor parte de las técnicas de trabajo especificas que utiliza puedan estar apoyadas en técnicas vivenciales de animación de grupos (técnicas y actividades de presentación, conocimiento, comunicación, autoestima, asertividad resolución de conflictos...), se logran completar los tres ejes de las necesidades de los mayores (Sociabilidad, Seguridad, Conocimiento y desarrollo personal).

La Animación Sociocultural:
  • Abarca el ocio.
  • Favorece el desarrollo de una comunidad.
  • Provoca cambios de actitud y de conducta en las personas.
  • Las actividades son desinteresadas.

Algunos de sus objetivos a lograr:
  • Favorecer que los mayores participen en el grupo, intentando mejorar su calidad de vida.
  • Vivir en relación con el grupo, que se acepten y se respeten en sus valores y creencias.
  • Darles la oportunidad de que puedan intercambiar sus ideas y expresarse libremente.
  • Motivar a los mayores para que sigan activos, creativos, participativos, críticos, solidarios y útiles a la sociedad.


      
     
    La figura que imparte el Curso


    Es la persona que inspira y motiva a los demás. Es el responsable de lo que sucede en el grupo, él propone los ejercicios, pero sin negar la corresponsabilidad de los participantes en ese taller.

    El monitor no es solamente la persona que entretiene y que organiza salidas, no es solamente un experto en juegos. Un monitor es un educador y, para ser educador, tiene que ser uno mismo, debe tener un espíritu crítico, ser auténtico y buscar el equilibrio.

    El taller debe constituirse en un “espacio privilegiado” donde ocurren procesos profundos en cada una de las personas. Por ello, la información no sale al público ni se mencionan nombres, lo que acrecienta la confianza y fidelidad del grupo.

    El educador hace las funciones de guía, de inspirador, de apoyo y ayuda a los participantes a crecer.

    Él crece en cada curso, si es que ha mantenido una actitud abierta y de autoobservación en un camino inacabado de aprendizaje continuo.

    Es un ser con valores y sentimientos, que comparte y se expresa con entusiasmo, por ello su presencia acapara la atención. Es flexible, pero sabe exigir. Deberá ser una persona disciplinada y manejará situaciones de conflicto y ambigüedad. No debe rendirse ante el fracaso.

    Debe ser responsable de formar a cada persona en el aprendizaje de percibir las realidades cotidianas desde otra perspectiva más favorable.

    El profesional que va a trabajar desde el humor ha de ser, ante todo, una persona optimista, cargada de razones para reír y exteriorizar su alegría, para contagiar a los demás su visión positiva de la vida. Ha de ser capaz, a través del ejemplo, de romper con las creencias destructivas y sembrar, desde la empatía, la paciencia y la comprensión, la esperanza y la ilusión en las personas que acuden al taller.

    Debe trasmitir a los mayores la necesidad de vivir el presente con entusiasmo, para que disfruten de las pequeñas cosas y hacerles ver que la felicidad es el camino a recorrer, no una meta a la que llegar de cualquier modo.

    Reaprender a reír puede ser una de las mejores estrategias para sanar a los que en estos momentos sufren dolor físico o de espíritu.

     
    Pienso

    A la hora de impartir formación en distintos organismos tanto privados como públicos, nos encontramos con una población cuya predisposición a trabajar no es siempre la misma, bien sea por falta de motivación bien por impedimentos de tipo físico o psíquico. 
     
    Se dice que los mayores son poco participativos, pero el error está en que no lo hacen porque a menudo se les ofrecen demasiadas actividades, de las cuales una gran mayoría no les motiva.

    Naturalmente, cada grupo precisará una adecuación y adaptación de la metodología y técnicas a utilizar en función de sus características específicas y de sus intereses particulares.

    Creemos que a la hora de preparar un programa, proyecto o cualquier tipo de curso o taller, debemos tener en cuenta: primero, que las actividades llenen todas las esferas, (tanto de conocimiento, como físicas y psíquicas) y segundo, que motiven a nuestros alumnos.
     
    Debemos considerar ser mayor siempre como enriquecimiento y siempre abierto a muchas posibilidades, nunca como deterioro o problema social. Buscamos el desarrollo de su potencialidad más que la manera de entretenerlos. Ellos así lo entienden y de hecho aportan “su sabiduría”.

    Uno de nuestros objetivos es conseguir su desinhibición (aunque es algo que ya va con ellos, como lo demuestran en los talleres), enseñarles a relacionarse, disfrutar con los demás, saber vivir y así empezar a lograr que se motiven por sus tareas.

    Los educadores, pedagogos, terapeutas, psicólogos y demás profesionales que trabajan con personas mayores reconocen la importancia del sentido del humor: 
     
    Tanto de cara a la propia estabilidad emocional y cuidado personal, al trabajar con una población vulnerable, como en la búsqueda de estrategias de intervención socioemocionales creando talleres, elaborando materiales o diseñando dinámicas.

    Debemos enseñar a los mayores Fortalezas y Habilidades Sociales y hacer en nuestros cursos un seguimiento para valorar cómo las van perfeccionando, a la vez que las ponen en práctica en situaciones reales.
    Debemos motivarlos a salir y comunicarse con los demás, superar momentos de apatía, así como valorar aquellos instantes, situaciones y personas que les hacen reír y divertirse, con el objetivo de establecer una buena comunicación consigo mismos, con las personas con las que se interrelacionan y con el entorno.

    En nuestros cursos cobran un especial auge el sentido del humor y la risa. Sobre esto partimos a la hora de plantearnos los objetivos.
    Entre las personas que ríen juntas se establece un vínculo de solidaridad. ”Cuanto más se divierte uno, más unido está el grupo. A veces el grupo se crea de la nada a partir de la risa”.

    Es también una experiencia social, nos ayuda a sentirnos más relajados con los demás, fomenta la sensación de unidad y pertenencia al grupo y reduce los sentimientos de soledad o aislamiento. 
     
    Estar activo durante la vejez es uno de los factores que mejor explica el bienestar subjetivo porque, además de ejercer un efecto directo sobre la satisfacción con la vida, el realizar actividades es positivo para la salud física, mental, la percepción del envejecimiento y las relaciones sociales. Variables, todas ellas, fundamentales para mejorar el sentimiento de felicidad (Zamarrón y col, 2000).

    Utilizar el humor como herramienta educativa es una de las causas más serias  e inteligentes que se le ha ocurrido al ser humano. Si al comenzar un curso o un taller sorprendemos, rompemos los esquemas, mantenemos la atención de los alumnos, con un juego o una dinámica, estamos logrando que ellos comiencen a descubrir un mundo fascinante que pondrá en movimiento todas las emociones y no los dejará indiferentes.

    En los talleres, cursos... se tomarán técnicas de las más diversas procedencias: actorales, dinámicas de grupos, expresión corporal, clown, juegos, masajes, memoria, relajación, etc.

    Desde mi experiencia

    "Hoy soy una persona feliz. Gracias a todos los que habéis estado ahí ayudándome para lograrlo."

    Trabajo con mayores desde hace varios años y, a lo largo de todo este tiempo, he aprendido que estas personas tienen muchas ganas de participar en cursos y talleres. Es gente con problemas comunes: la soledad, la falta de comunicación y el deseo de relacionarse. Y uno de los pocos lugares con que cuentan para poder hacerlo es en los centros de mayores, asociaciones y otros organismos.

    Su nivel de desinhibición es muy grande y, cuando están en grupo, dan lo más importante de ellos: la alegría, la imaginación, los recuerdos y las ganas de jugar.

    Busco la manera de llegar a ellos a través del juego y del humor. El juego es la mayor herramienta que tenemos los humanos para conocernos, comunicarnos y desarrollarnos. En el juego solemos comportarnos tal como somos y nos permitimos actuaciones que probablemente reprimiríamos en la vida real.


     
    Para conseguir el máximo provecho de los juegos tenemos que hacerlos de una forma natural, sin complejos ni vergüenzas, de una forma desinhibida, como lo hacen los niños, procurando mostrarnos tal cual somos en la vida normal.

    "Defendemos el uso del juego en la vejez por el simple placer de jugar, de divertirse y de disfrutar."

    Trabajamos también el movimiento, la dramatización, el conocimiento y el sentido del humor. Les animo a que vivan el ahora, que se ocupen del presente, que disfruten, que consigan jugando y riendo librarse de actitudes mentales negativas.

    Siempre que empezamos un curso, lo primero que les digo es: cultivar la ilusión, fortalecer las ganas de vivir y poner en práctica las habilidades para la vida que enseñamos. Eso es lo que quiero conseguir al final del curso, es mi principal objetivo.





jueves, 25 de mayo de 2017

WABI-SABI, " El arte de buscar la belleza en lo imperfecto, "


Introducción:
Con este artículo cierro el capítulo dedicado a la filosofía y tradición Japonesas.
Anteriormente hablamos del kaizen y del Kintsukuroi.
Hablaremos del Wabi-sabi: El Wabi-Sabi es una filosofía japonesa nacida alrededor del siglo XIV, que surgió como reacción a la perfección y suntuosidad china de los siglos anteriores. Se define como la belleza de las cosas imperfectas, mudables e incompletas.

Definición:
Es un término estético japonés que describe un tipo de visión estética basada en "la belleza de la imperfección". Dicho punto de vista está frecuentemente presente en la sociedad japonesa, en forma de elementos de aspecto natural o rústico que aparecen en los objetos cotidianos o en algunos elementos arquitectónicos.
Numerosas artes japonesas, durante los últimos milenios, se han visto influidas por el Zen y la filosofía Mahayana, especialmente en cuanto a la aceptación y contemplación de la imperfección, el fluir constante y la impermanencia de todas las cosas. Dichas artes ejemplificarían la estética wabi-sabi, como son:
  • Honkyoku (música tradicional para shakuhachi de los monjes Zen)
  • Ikebana (arreglos florales)
  • Jardines japoneses,( Zen) y bonsáis
  • Poesía japonesa (especialmente el Haiku)
  • Alfarería japonesa (Haigi ware)
  • Ceremonia del té japonesa

Cuando cualquier cosa logra recordarnos, de manera suave y melancólica, que nada es perfecto, que nada dura para siempre y que nada está terminado, merece llamarse Wabi-Sabi.
Tomando como ejemplo la ceremonia del té: para los monjes zen este ritual era una forma de meditación, de dar un espacio para la toma de conciencia del momento. Veían en esta antigua tradición una manera de expresar lo que es difícil de decir, una forma de vida en la que cada detalle, postura y pensamiento resultaba un antídoto para el dolor, el desequilibrio y el duelo de la vida.
La palabra Wabi se refería inicialmente a la soledad de vivir en la naturaleza, lejos de la sociedad; mientras que Sabi se traducía como frío, flaco o marchitado. Pero juntos estos vocablos adquieren un significado más positivo, que hace referencia a la belleza de lo imperfecto, defectuoso o inacabado.
Así, wabi, significa realmente «pobreza». Es decir, no depender de las cosas terrenas —riqueza, poder, reputación— y sin embargo sentir interiormente la presencia de algo sumamente valioso por encima del tiempo y la posición social: esto es lo que en esencia constituye wabi.
La palabra sabi intenta transmitir una sensación de desolación. Implica un espíritu de absoluta soledad y la idea de que no hay nada que permanezca inmutable y de que todos los seres vivos están destinados a morir. Procede del vivo deseo que sentimos de recuperar el mundo de nuestra infancia, el mundo del momento presente, no definido por el lenguaje o los valores que constituye una pura experiencia de la realidad.
 
En esencia, Wabi-Sabi es el arte japonés de la búsqueda de la belleza en la imperfección y la profundidad en la naturaleza, de aceptar el ciclo natural de crecimiento, la decadencia y la muerte. Es simple, lento, y venera la autenticidad por encima de todo.
Esa es la premisa que predica el Wabi-Sabi, el arte japonés que resalta lo fugaz y poco permanente de la existencia, honrando lo rústico, roto, incompleto, viejo y erosionado por el paso del tiempo; así como también la calidez de los objetos de la naturaleza.
Arraigada en el budismo zen, esta antigua filosofía estética contiene así una de las claves para entender la vida de una forma renovada, más libre y disfrutable.




Autores
Esta idea zen, corriente estética o filosofía de vida ha interesado a autores occidentales. Leonard Koren, responsable del libro Wabi-Sabi para artistas, diseñadores, poetas y filósofos (Renart, 2008), opina que esta visión de las cosas “puede llegar a ser un modo de vida. Y, como mínimo, es un particular tipo de belleza”.
Se refiere a aquella belleza imperfecta, impermanente e incompleta. Algunas características de la estética Wabi-Sabi son la asimetría, aspereza, sencillez o ingenuidad, modestia e intimidad, y sugiere además un proceso natural.
El Wabi-Sabi ocupa la misma posición en la estética japonesa que en Occidente ocupan los ideales griegos de belleza y perfección.
  Andrew Juniper afirma que:
Si un objeto o expresión puede provocar en nosotros una sensación de serena melancolía y anhelo espiritual, entonces dicho objeto puede considerarse wabi-sabi.
Este pasaje de Andrew Juniper lo resume bien:
El término Wabi-Sabi sugiere tales cualidades como la impermanencia, humildad, asimetría e imperfección. Estos principios subyacentes son diametralmente opuestos a sus opuestos occidentales, cuyos valores están basados en el punto de vista helénico que valora la permanencia, la grandiosidad, la simetría y la perfección.
El Wabi-Sabi es una apreciación intuitiva de belleza trascendente en el mundo físico, que refleja el flujo irreversible de la vida en el mundo espiritual. Es una belleza comedida que existe en lo modesto, rústico, imperfecto o incluso lo decaído, una sensibilidad estética que encuentra una belleza melancólica en la impermanencia de las cosas.
Richard R. Powell lo resume diciendo que:
Ello (el Wabi-Sabi) cultiva todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completado y nada es perfecto.
En el primero de sus libros, el autor Richard R. Powell propone todo un estilo de vida acorde a este concepto. Un trabajo Wabi-Sabi sería aquel en el que uno hace lo que realmente le gusta, sin estrés, presiones ni jornadas interminables; una alimentación Wabi-Sabi valora lo local y humilde, al mismo tiempo que saborea lo exótico; y una filosofía de vida Wabi-Sabi es la que vive el presente y encuentra la paz y la armonía en la naturaleza y las pequeñas cosas.
La psicóloga, experta en duelos y con consulta en Mérida, Ana Yáñez, opina que una forma de pensar más Wabi-Sabi nos podría ahorrar muchos sinsabores y nos ayudaría a disfrutar más de la vida: “El perfeccionismo, el miedo al fracaso y la no aceptación de las pérdidas son aspectos que nos impiden una postura más flexible, relajada y realista de la existencia. Antiguamente nuestras abuelas veían la vida, influidas por el concepto cristiano, como un valle de lágrimas; pero ahora nos hemos pasado al extremo opuesto y existe la presión de que tenemos que ser perfectos, felices, disfrutar al cien por cien, mantenernos con aspecto joven el mayor tiempo posible y ser excelentes profesionales. Algo que no se corresponde con la realidad y que nos crea mucha ansiedad. El Wabi-Sabi nos reconcilia con la incertidumbre, el miedo, el paso del tiempo, el fracaso, o el hecho de que no siempre hay respuestas; pero que también se puede vivir entre todas estas cosas y llegar hasta a disfrutar de ellas. Yo siempre digo a mis pacientes que somos las personas perfectas para un mundo imperfecto”.
Daisetz T. Suzuki fue una de las autoridades más importantes de Japón en el budismo zen y uno de los primeros estudiosos en interpretar la cultura japonesa para los occidentales. Él describió Wabi-Sabi como “una apreciación estética activa de la pobreza.” Claro que su concepto de la pobreza es muy diferente al occidental, el suyo es más romántico y parte de la idea de eliminar el enorme peso de las preocupaciones materiales de la vida. “Wabi es estar satisfecho con una pequeña cabaña, una habitación de dos o tres tatamis y con un plato de verduras recogido en los campos vecinos, y tal vez escuchar el sonido de una lluvia de primavera suave”.
Filosofía

Nada dura, nada está completo, nada es perfecto. Este concepto zen de la estética y la vida irrumpe en Occidente como herramienta en la búsqueda de una existencia más feliz
Fujiwara no Sadaie, poeta japonés del siglo XII, escribió un poema del cual se dice que capta el espíritu del wabi- Sabi:
 
Miro a lo lejos
Y no veo cerezos
Ni hojas matizadas:
Sólo una modesta cabaña en la playa
A la luz de un atardecer de otoño.

El Wabi-Sabi es una filosofía japonesa nacida alrededor del siglo XIV que surgió como reacción a la perfección y suntuosidad china de los siglos anteriores. Y se define como la belleza de las cosas imperfectas, mudables e incompletas.
Personalmente, me atrae su rebelión contra las superficies uniformes en su firme defensa de lo mellado y rústico.

Dice la leyenda que los japoneses del siglo XIV decidieron aplicarlo a la tan venerada ceremonia del té, saliendo de sus suntuosos palacios a sentarse en chozas que se fabricaban con materiales humildes, y sentarse en el suelo o asientos de madera mientras batían la espuma del té verde. El acercamiento a la naturaleza y la sencillez glorificaba la ceremonia.
Una vida de pobreza era el ideal Zen al que aspiraban los monjes que deseaban alcanzar la verdad última de la realidad, de ahí que surgiera, de estas imágenes negativas, el ideal de una persona que ha trascendido el deseo de gozar de las comodidades del mundo físico y ha conseguido encontrar la paz y la armonía en la vida de lo más sencillo. Se aprende a ser autosuficiente con la insuficiencia de las cosas.
Su belleza está en la aparente imperfección. En esa emoción que implica la aceptación del inevitable ciclo de la vida, lo auténtico, natural y genuino. Si las personas pudiéramos aplicar esta sabiduría a nosotros mismos, seríamos un poco más felices.
Lo que más me atrae de esta filosofía es que reverencia lo simple, lo real, lo auténtico; sin pretensiones de ser algo más y, precisamente por ello, le da un carácter bello.

Sabemos que todas las cosas positivas en la vida siempre tendrán su contraste en lo negativo, por eso las apreciamos y valoramos. Si en estos momentos nos toca estar abajo, sabemos que pronto saldremos arriba, a la luz.

Qué es Wabi-Sabi
Qué no es Wabi-Sabi
Hecho a mano
Manufacturado
Madera deteriorada
Laminado plástico
Piedras rodadas de río
Mármol pulido
Mercados locales
Supermercados
Flores silvestres
Flores modificadas
Lana
Lycra
Papel de arroz
Papel lustre
Cerámica de arcilla
Porcelana
Algodón crudo
Cashmere
Billie Holliday
Britney Spears
Latte
Luz de Luna
Luz Solar
Artesanía
Rococó
Paredes despintadas
Concreto
Tinta China
Bolígrafos
La montaña y sus ríos
Disney World
Haikus
Poesía Romántica
Ikkyu Sojun
Paulo Coelho
El noble silencio
La especulación

Reflexión

El Wabi-Sabi, como una herramienta de contemplación y una filosofía de vida, podría tener una inesperada relevancia como antídoto a los problemas sociales.


Creo que las personas nos sentimos más cómodas con la imperfección, tal vez porque nos permite a nosotros también serlo, siendo singulares para seguir aprendiendo siempre con lo que vivimos.
Una vez trasladamos esta corriente de pensamiento a nuestras vidas, al ser humano, podemos ver la perfecta imperfección que somos, cada uno con su historia, sus condicionantes educacionales, sociales y emocionales, con “su imperfección”, que es perfecta, para mostrarle hacia donde debe mirar en pos de su desarrollo personal.
Esa belleza imperfecta, impermanente (ya que, como decía Lao Tze, lo único permanente es el cambio) e incompleta, por la continua evolución y desarrollo que es la vida en sí.
Ante esta perspectiva lo único que puede nacer desde dentro de cada uno es la profunda aceptación de la vida y sus procesos en cada uno, con ese continuo movimiento, que es el sentido de la propia vida.
Más allá del sistema de pensamiento de cada cual emerge la corriente Wabi -Sabi, para entender, apreciar, y disfrutar la perfecta imperfección que somos.
El Wabi-Sabi es una apreciación estética de la evanescencia de la vida. Las imágenes Wabi- Sabi nos obligan a contemplar nuestra propia mortalidad y evocan una soledad existencial y una delicada tristeza. También provocan un alivio agridulce, ya que sabemos que toda existencia comparte el mismo destino.
  Quizá precisamente porque el término sugiere lo opuesto a nuestra idea de la belleza, el Wabi-Sabi sea tan importante de este lado del mundo. Necesitamos perdonar el accidente y la anomalía porque, primero que nada, de eso estamos hechos. Estamos hechos de finitud y de asimetrías.

jueves, 27 de abril de 2017

KINTSUKUROI



Adentrarnos en el mundo oriental y en su filosofía no es perdernos en un mundo complicado y solo apto para unos pocos eruditos, sino que muchas de sus enseñanzas están construidas en una realidad sobre lo más elemental y simple, basada en valores y principios que deben regir el comportamiento humano y las relaciones entre los hombres y su entorno, quedándonos rendidos ante su simplicidad y profundidad.
En un artículo hablé sobre el kaizen:
La belleza y el desafío del kaizen es que requiere fe. No necesariamente fe religiosa, o un rígido e irreflexivo compromiso, pero sí la creencia en el poder de tu cuerpo y tu cerebro para llevarte a donde necesitas ir. Dando pasos pequeños, orientas tu brújula mental hacia una nueva dirección, permitiendo que tu mente haga el resto.
"Añoro cumplir una tarea grande y noble, pero mi principal obligación es cumplir pequeñas tareas como si fueran grandes y nobles." HELEN KELLER
En el artículo de este mes voy a hablaros del "Kintsukuroi"
Antiguo arte japonés de recomponer lo roto. Este arte se remonta al siglo XV y consiste en arreglar las fracturas de los objetos de cerámica, que con el tiempo o por accidente se han agrietado.
Cuando se rompe una pieza de cerámica, los maestros Kintsukuroi la reparan con oro, dejando a la vista la reconstrucción, ya que, para ellos, una pieza reconstruida es a su vez símbolo de fragilidad, fortaleza y belleza.
Su filosofía hace que en lugar de deshacerse del objeto dañado, éste se recupere, se restaure y luzca de nuevo más fuerte.
La cerámica es frágil, fuerte y bella a la vez, como las personas. Al igual que nuestra vida, puede romperse si sabes cómo.
La pieza así restaurada no trata de replicar el aspecto intacto de la cerámica nueva ni de ocultar o disimular los daños, sino que los resalta ennoblecidos con el oro para transformarla otra vez, eso sí, en algo completo. La restauración es tan especial, y los resultados tan sorprendentes, que las piezas así reintegradas son con frecuencia más valiosas que los ejemplares intactos.
Técnica y arte con un significado trascendente, objetos restaurados que enaltecen su valor, demostración de fragilidad y de la capacidad de recuperarse que los hace más bellos, permitiendo admirar las cicatrices y la historia que cuentan.
El cuerpo y el alma de las personas, al igual que cualquier objeto de porcelana, son frágiles y están expuestos al paso del tiempo. Este paso del tiempo desgasta tu cuerpo y tu alma, hay momentos de tu vida en que estás roto por fuera y por dentro. Y aquí es donde tomamos el Kintsukuroi y vemos que lo bueno que tiene dicha rotura, tanto en el objeto como en el cuerpo y el alma, es que tiene la posibilidad de repararse mediante el polvo de oro en la cerámica y las fortalezas humanas y la resiliencia en las personas.


En lo Humano:
 Tal vez sintamos que nuestras relaciones o nuestro corazón están rotos; quizá pensemos que nuestra vida ya no tiene ningún valor.
Tenemos que buscar nuestra resina mezclada con oro en cada uno de los rincones de nuestro espíritu y en él encontraremos las fortalezas emocionales que usaremos como herramientas para recomponer lo que se rompe:

Fortalezas.

Curiosidad, interés por el mundo
Está abierto a la experiencia, participa de la novedad. Explorar y descubrir nuevas cosas.
Amor por el conocimiento y el aprendizaje
Las personas que poseen esta fortaleza psicológica están motivadas para adquirir nuevas habilidades, conocimientos o experiencias. Saben que en cualquier sitio existen oportunidades de aprender.
Juicio, pensamiento crítico, mentalidad abierta
Esta fortaleza nos permite enfrentarnos a situaciones novedosas de manera efectiva, vivir con plenitud y aprender continuamente de lo que nos rodea. No precipitarse, capacidad de cambiar de opinión. No sacar conclusiones al azar, sino tras evaluar cada posibilidad.
Creatividad
Con esta fortaleza disfrutamos produciendo ideas o comportamientos originales que contribuyen de manera notable en nuestra vida o en la de otras personas.
Perspectiva, sabiduría
Sin la perspectiva y la sabiduría nuestro conocimiento sigue siendo una mera serie de datos y hechos. La sabiduría es necesaria para que esos nuevos conocimientos sirvan para mejorar nuestra vida y las vidas de quienes nos rodean.
Valentía
Una persona valiente actúa siguiendo sus convicciones y creencias frente a cualquier peligro o dificultad. Ausencia de temor, separa aspectos emocionales de los conductuales.
Persistencia y diligencia
Una fortaleza que nos mantiene en pie a pesar de los obstáculos, visualizando nuestras metas, trabajando duro y perseverando en nuestros esfuerzos hasta que logremos nuestros objetivos., es decir acaba lo que comienza. Asume y termina.
Integridad, honestidad, autenticidad
La integridad nos ayuda a vivir nuestra vida de acuerdo con nuestros valores personales y responsabilizarnos de quiénes somos y de lo que hacemos. Gusta de la verdad. Tiene los pies sobre la tierra. Ir siempre con la verdad por delante, no ser pretencioso y asumir la responsabilidad de los propios sentimientos y acciones emprendidas.
Vitalidad y pasión por las cosas
Esta fortaleza se encuentra en aquellos individuos que viven plenamente cada momento de la vida, evitando el abatimiento y llenos de energía vital. Afrontan la vida con entusiasmo. Su energía es contagiosa.
Amor en cualquiera de sus formas
El amor es una de las fortalezas que más nos llena y realiza. Eric Fromm (1956) define cuatro elementos básicos en todas las formas de amor: Cuidado, Responsabilidad, Respeto y Conocimiento. Tener importantes y valiosas relaciones con otras personas, en particular con aquellas en las que el afecto y el cuidado son mutuos.
Generosidad, altruismo, compasión
Nunca se está demasiado ocupado para hacer un favor, realizando buenas obras para los demás. El verdadero altruismo significa cuidar o ayudar a los demás por el hecho en sí y no por un reconocimiento especial o cualquier tipo de galardón.
Inteligencia social
Si la inteligencia emocional se refiere a la capacidad para utilizar la propia información emocional de manera eficiente, la inteligencia social se refiere a la capacidad de comprender y apreciar los matices emocionales de una relación. Ser consciente de las motivaciones y sentimientos de los demás y saber responder a ellos. Es decir tener empatía.
Civismo, responsabilidad social, trabajo en equipo
Las personas con esta fortaleza son aquellos individuos que se orientan hacia la comunidad tanto o más que hacia su propio interés. El civismo conlleva una participación con la comunidad, la búsqueda de igualdad y cooperación, la cohesión social y el optimismo.
Sentido de la justicia, equidad
Esta fortaleza conlleva el desarrollo de habilidades para el consenso equitativo, la sensibilización con la justicia social, la expresión de compasión por los demás y la perspicacia necesaria para comprender las relaciones y obtener resultados equitativos. No deja que los sentimientos personales influyan en decisiones sobre los otros, dando a todo el mundo las mismas oportunidades.
Liderazgo
Organiza y se asegura de que las cosas se lleven a cabo. Mantiene las relaciones entre los miembros de su equipo.
Capacidad de perdonar, compasión
La fortaleza psicológica del perdón se caracteriza por “perdonar a aquellos que han cometido un error, aceptando sus defectos, dando a la gente una segunda oportunidad, y liberándose de emociones negativas como la ira o la angustia.” El perdón es beneficioso para nuestra vida interior.
Modestia, humildad
Dejar que sean los demás los que hablen de uno mismo. La verdadera humildad necesita de una gran autoestima para poder hacer un análisis realista de nuestras capacidades, reconocer nuestras limitaciones y abrirnos a nuevas ideas. No le interesa ser centro de atención, prefiere que sus logros hablen por ella/él.
Prudencia
Ser cauteloso a la hora de tomar decisiones, no asumir riesgos innecesarios ni diciendo o haciendo nada de lo que después uno se puede arrepentir.
La prudencia es una orientación hacia nuestro futuro personal, una forma de razonamiento práctico y autogestión que ayuda a lograr los objetivos individuales a largo plazo de manera eficaz.
Auto-control, auto-regulación
Esta fortaleza nos ayuda a controlar nuestros deseos, emociones y conductas con el objeto de obtener alguna recompensa posterior. Es capaz de estar de buen humor incluso en situaciones delicadas.
Apreciación de la belleza y la excelencia, capacidad de asombro
La apreciación de la belleza está muy relacionada con la elevación, el asombro, la admiración, la sorpresa o el maravillarse. Se convierte en una fortaleza cuando las personas descubren la belleza y la excelencia a su alrededor y esta experiencia les deja una maravillosa mezcla de relajación, sobrecogimiento y ganas de reaccionar de manera positiva.
Gratitud
Ser consciente y agradecer las cosas buenas que a uno le pasan. Saber dar las gracias.
Esperanza, optimismo
Esperar lo mejor del futuro, planificar y trabajar para conseguirlo. Actitud positiva.
Sentido del humor
La capacidad para relativizar y destrozar las rígidas reglas de nuestra vida, trascenderla y aumentar nuestra perspectiva. El sentido del humor aumenta nuestras emociones positivas. Gusta de reír y hacer reír a otras personas. Ver el lado positivo de la vida.
Espiritualidad, fe, sentido religioso
Posee una filosofía concreta de la vida, que le añade significado, propósito y vinculación con algo más elevado que da forma, determina nuestra conducta y nos protege.
Reparar nuestras imperfecciones con la resina de la reconciliación, cada error cometido en nuestra vida nos ha dejado una enseñanza, nos ha convertido en las personas que somos. Si en lugar de ocultar nuestros errores, mostramos nuestra fortaleza al superarlos, seremos como las pequeñas vasijas japonesas que, orgullosas de su historia, muestran sus imperfecciones cubiertas con el metal precioso de su cambio.
A veces la vida nos juega malas pasadas, nos fragmenta el alma con la muerte de un amigo, un familiar, nuestra pareja.. Pasará un tiempo y el alma se irá recomponiendo lentamente, trozo a trozo, con la ayuda de la fe, la resignación frente a lo inevitable.
Si te equivocaste lastimando aquello que amabas, repara tus errores con el oro de tu amor, de tu arrepentimiento.
Debemos darnos cuenta que el oro que utilizaremos para reparar nuestro corazón, está dentro de nosotros.
El arte japonés Kintsukuroi nos enseña la manera de encontrar el verdadero valor de las personas. Este valor no está en su perfección, sino precisamente en sus imperfecciones; pero, sobre todo, en su reparación misma que junto a todas sus cualidades, trasforma a las personas en seres dignos de admirarse´.
"los caracteres mas sólidos están plagados de cicatrices" Jalil Gibrán.
"El mundo nos rompe a todos pero, después, muchos se vuelven fuertes en los lugares rotos" Ernest Hemingway.
Tiene que ver con la posibilidad que tenemos, que está en nuestras manos de hacer cosas maravillosas a partir de nuestras equivocaciones o de una mala experiencia... no sólo aprender de ellas, sino salir fortalecidos, enriquecidos.
¿Cuántas veces no te has atrevido a hacer algo por miedo a equivocarte? ¿A cuántas cosas has renunciado por temor a no lograrlo?
Debemos saber que con haber dado el primer paso ya obtendríamos un beneficio, el placer de haber tomado la decisión de intentarlo, de sentirnos valientes, útiles.
Tal como sucede con los seres humanos, a veces herimos o nos hieren. Debemos intentar corregir los errores fortaleciendo, reparando y recuperando relaciones y situaciones para seguir adelante. Una forma diferente de mirar la vida aprendiendo a rellenar cicatrices, estas cicatrices que nos dan mayor valor y nos recuerdan que podemos volver a empezar.
Al igual que esa vasija fragmentada se ha trasformado en una obra de arte, las cicatrices forman parte de nosotros y a través de ellas se puede leer la vida de cada uno.
En Occidente podríamos equipar este arte con la "Resiliencia", que sería la capacidad de toda persona de superar las consecuencias de una vivencia traumática y recuperan un estado psíquico y emocional adecuado para poder continuar con la vida de una forma sana y adaptativa. Ése pudiera ser el arte del Kintsukuroi: La reconstrucción de la cerámica reconociendo las fragilidades y las heridas, aceptándolas y dejando de esconderlas, aprendiendo de ellas y fortaleciéndose.
Nos dice Tomas Navarro en su libro "Kintsukuroi, el arte de curar heridas emocionales":
"La vida no se recompondrá espontáneamente. No esperes a que pase algo sólo por el mero hecho de desearlo, pues con el mero deseo no basta para recomponer la vida. La acción será la encargada de darte esa vida mejor, de ayudarte a superar las adversidades, de recogerte tus pedazos y recomponer tu vida. ¿Estás dispuesto a pasar a la acción? ¿Estás dispuesto a recomponerte?
Agáchate con calma y disponte a recoger todos y cada uno de los pedazos de tu alma. Hazlo minuciosamente, sin prisa, con cuidado de no recoger suciedad junto con los trozos; no te confundas:
  • Recoge los pedazos para poder comprender lo que te pasó, lo que sientes y lo que piensas. Éste es el primer paso para entender lo que ocurrió y la representación mental que te has formado sobre lo acontecido.
  • No esperes a tocar fondo para recoger los pedazos. Si quieres estar mejor, tienes que hacer algo, tienes que pasar a la acción.
  • El mero hecho de saber que en un futuro estarás mejor ya es buen motivo para empezar el proceso de recomposición de tu vida.
  • El final del problema no supone el final del sufrimiento. Los problemas tienen que cerrarse activamente."


BIBLIOGRAFIA:
NAVARRO Tomas: Kintsukoroi, El arte de curar heridas emocionales. (2017). ED. Zenith