viernes, 15 de septiembre de 2017

El cómo y el con quién “de mi” jubilación lo decido Yo


(Parte 1)



Introducción: "Nos hacemos mayores"

Profundizamos en nuestro mundo interior, parar y reflexionar sobre nosotros, sobre nuestros intereses, llegando a hacer un alto en el camino y empezarnos a plantear si nuestra vida necesita un cambio, si esos sueños que tengo me apetece que se cumplan.
Esto es lo que vamos a trabajar en este proyecto, en esta búsqueda de uno mismo, acercarnos a descubrir lo que nos lleva a ese cambio, cuáles son los factores, tanto externos e internos, que nos llevan a él, con qué barreras nos podemos encontrar, qué nos motiva a realizar el cambio, cómo recuperamos viejos sueños de juventud.
Lo que hicimos en el pasado no lo podemos cambiar en el presente, pero sí podemos comenzar a actuar para modificar nuestro futuro. Podemos empezar hoy mismo decidiendo algo, algo que, aunque no sea muy grande, sí nos valga y nos traiga consecuencias para mañana.


Cuando menos lo esperamos, la vida nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio.”
PAULO COELHO

Pero la máxima expresión de privación de autonomía se pone de manifiesto cuando los hijos deciden, sin consultarlo con sus padres, que éstos deben vivir en una residencia o centro geriatrico, porque, a pesar de no sufrir ninguna enfermedad ni incapacidad, están muy "mayores y solos", sin tener en cuenta otras alternativas a la internación como el cuidado domiciliario, los centros de día, etc. El ingreso en la institución marca el inicio de un proceso creciente de pérdida de independencia personal. Los residentes deben:
  • Someterse a normas institucionales y de convivencia como horarios de comida, de descanso, de recreación, etc.
  • Compartir lugares comunes, hasta los dormitorios, con personas desconocidas.
  • Resignarse a la pérdida, no solamente de su hogar, sino de todos los objetos que lo conformaban: muebles, plantas, animales, etc.
  • Separarse de sus amigos, vecinos, familiares.
  • Muchos son despojados de sus bienes por sus apoderados que se apropian de sus ingresos mensuales o de sus propiedades.
Dentro de la institución es muy reducido el margen de opciones y son escasos los estímulos para fortalecer la independencia: no se cocinan, no se lavan la ropa, no limpian, ni reparan, ni mantienen el lugar de residencia. Otros, lo hacen por ellos: Hay personal capacitado para realizar todas las tareas, incluido su propia higiene y aseo. Es tan significativa la relación de dependencia que genera la institucionalización que los residentes, en muchos casos y una vez que se adaptan, son resistentes a las salidas a la casa de familiares o a los paseos programados por la institución, y sólo recién cuando regresan, vuelven a sentirse seguros.
Debo dejar claro además, que me estoy refiriendo en estos casos sólo a los mayores que pierden su autonomía, por enfermedad tanto física, (problemas de movilidad) o psíquica, (Demencia, alzhéimer) pero esto no significa que todos los adultos mayores sufran el mismo fenómeno. Por el contrario, hay personas que siguen ejerciendo plenamente sus derechos y aún cuando hayan sufrido una pérdida de autonomía sobre el control de su cuerpo, son respetadas y consultadas en sus deseos y decisiones. Esta es una actitud ante el propio envejecimiento por parte del mayor y, ante la vejez en general, por parte del grupo familiar y social del entorno más próximo, que consideran a esta etapa como una etapa más de la vida, de la cual nadie está exento, y que debe ser vivida con la dignidad que corresponde a todo ser humano.
Los seres humanos conocemos lo que somos a través de la visión que los otros tienen de nosotros. La forma en que se caracteriza a los adultos mayores, contribuye en gran medida a crear la situación y condiciones sociales en las cuales éstos viven. Cada sociedad crea un cristal a través del cual tiene una determinada visión de la realidad. En nuestra sociedad capitalista, donde la productividad es la medida del valor de la persona, los viejos como no producen ni consumen, pierden valor y, como consecuencia, pierden poder. En nuestra cultura posmoderna, que exalta la juventud, la belleza exterior y la vertiginosidad, los mayores ocupan en la escala social el último lugar.
En definitiva, es el medio social el que crea la imagen de la gente mayor a partir de sus normas y de los ideales y valores que persisten en cada época. Y los ancianos asumen el papel que se les asigna desde los medios de comunicación, desde las instituciones, desde los profesionales que trabajan por su bienestar y desde la opinión general; y cumplen este mandato, porque es lo que se espera de ellos. Si la creencia es que ellos no pueden, no deben, no saben hacer, pensar, decir y sentir determinadas cuestiones, ellos terminan convencidos de que es así y que es más conveniente delegar las decisiones en los adultos.
La imposibilidad de ejercer el derecho de decidir sobre la propia vida significa no poder decidir dónde vivir, con quién vivir, cómo vestirse, qué comer, a dónde salir, cómo administrar el dinero, planificar el futuro, hablar sobre lo que se desea y llevarlo a cabo. Es decir, que no decidir sobre la propia vida implica no ejercer los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida, a la libertad, el derecho a la libertad de expresión y de pensamiento, el derecho a la privacidad, a la sexualidad, a la educación.
Pero, desafortunadamente, las barreras que se imponen a los adultos mayores para ejercer estos derechos no son vistas como violaciones a los derechos humanos. Se despoja a los mayores de ciertas necesidades y capacidades humanas, como por ejemplo la sexualidad, la creatividad, el aprendizaje, etc. Esta actitud con los viejos está instalada y naturalizada en casi toda la sociedad. Y desnaturalizarla es uno de los objetivos de la educación para el envejecimiento.

Tener suerte o no depende de algo más que la mera casualidad. Con frecuencia, las personas que han triunfado comparten actitudes parecidas, como la perseverancia, la confianza en sí mismos, el optimismo, la ambición y el sentimiento de frustración. La forma de percibir nuestras circunstancias, así como las de crear y aceptar las oportunidades, depende en gran medida de lo que esperamos de nosotros mismos.
Las aptitudes no llegan a hacerse patentes a menos que tengamos la oportunidad de utilizarlas. La consecuencia, desde luego, es que puede que nunca descubramos nuestro verdadero proyecto. Depende mucho de las oportunidades que tenemos, de las que creamos, de si las aprovechamos y de cómo lo hacemos.
Todos los miembros de la sociedad debemos reconocer esta situación porque todos somos responsables de su reproducción, y los adultos mayores deben ser conscientes de que son objeto de esta discriminación y adoptar una posición de crítica y cuestionamiento a esta actitud, porque son ellos los que mejor pueden asumir una defensa activa de sus derechos. Para que esto sea posible, los trabajadores del campo de la Gerontología debemos generar las condiciones externas e internas en los grupos de adultos mayores y en el resto de la sociedad para promover este debate.
No sabemos cómo será el futuro, pero el único modo de prepararse para él es sacar el máximo provecho de nosotros mismos, en la convicción de que al hacerlo seremos todo lo flexibles y productivos que podamos llegar a ser.
Todos tenemos habilidades e inclinaciones que pueden servirnos de estímulo para alcanzar mucho más de lo que imaginamos. Entender esto lo cambia todo.

Perspectivas que nos depara el hacernos mayor:

Podemos seguir un plan para el cambio:

  1. pensar y visualizar cómo me gustaría que fuera mi vida.
  2. visualizar las situaciones que no nos gustan, las que quisiéramos cambiar.
  3. visualizar alguna situación donde usted haya tomado las riendas y lograra cambiarla en su favor.
  4. Motivación: ver si me apetece el esfuerzo y cómo afectaría a mi vida. No cambie solo por cambiar, piense sobre ello.
  5. Acción: ¡ya, póngase en marcha!

Lo que lamentamos no es lo inalcanzable, sino lo alcanzable no alcanzado”.





El día a día

Entre envejecer en casa, con una vejez que se presenta difícil, o la de que sólo me planteen como alternativa la residencia, tan temida para muchos, está el compartir con quien quiera, o como yo quiera, mi tiempo y mi vejez; quiero empezar desde ahora mismo e ir marcando mis tiempos y mis ideas sobre lo que deseo y juntarme con quien piensa igual o parecido a mí.”

Nos obligan a ir por un carril, igual que un tren. Sin salirse del trazado. Mucha gente quiere vivir de otra manera, pero cree que no se puede. Y sí, se puede. Incluso en la mitad de la vida es posible empezar un nuevo camino.

Tres son los factores clave que conducen al éxito: estar dispuesto a hacer sacrificios, asumir ciertos riesgos y poseer visión de futuro.

Quiero buscar maneras, acuerdos donde un grupo de personas creen vínculos y con el tiempo estén capacitadas a compartir unas normas de vida, de convivencias para hacer más llevaderas las actividades diarias. Es decir crear un entorno que sea amigable y comprometido.

Creo en el grupo, en la fuerza que tiene, en la ayuda emocional que puede provocar para que las personas permanezcan activas realizando las actividades con las que se encuentren a gusto. Donde se promueva una convivencia de respeto y buenas normas. Donde se participe de manera activa, crítica. Donde abunde una buena comunicación, basada en la empatía, donde tengamos la libertad de ser asertivos.

Debemos llegar a convivir en comunidades donde la ética de unión debería ser el respeto y la solidaridad. Comunidades donde seamos activos y donde todos participen, donde se excluya todo tipo de manipulación animando a todos los miembros del grupo a que sean protagonistas. Donde los ritmos los ponga cada uno.

Pertenecer a un grupo y participar en su actividad llevará a que surjan inquietudes y necesidades que les motivará para el buen desarrollo de sus tareas. Esto provocará que el grupo llegue a un compromiso colectivo que hará mejorar sus situaciones personales y sociales de cada uno de sus miembros creando una especie de contrato de solidaridad entre todos.




Dar paso a la generación inconformista

Debemos prepararnos para recibir a los años, para ocupar nuestro puesto de mayor. Prepararnos para conocer lo que nos viene encima y sepamos que incluso puede ser bastante desesperanzador. No debemos depender de nadie, tenemos edad para saber lo que nos conviene y cómo querer vivir a partir de nuestra jubilación.

Es nuestra generación a quien corresponde descubrir una nueva manera de envejecer.

Muy pronto nos vendrá la jubilación: “Es tiempo de ruptura, transformación y cambio. Entraña pérdidas y riesgos, pero también compensaciones y logros. Se pierde poder y prestigio social aparente, se gana libertad personal y autogobierno. Disminuye la aceleración en la acción, aumenta la contemplación y la profundidad interior. Hay menos vértigo en el trabajo, menos estrés y preocupaciones apremiantes, y con ello la oportunidad de ampliar la visión serena de las cosas, la benevolencia y la comprensión de la condición humana”.

Quiero hacer una pequeña reflexión y para ello voy a partir de unas ideas de Belando con las que voy a conectar y deciros hacia dónde debe ir dirigido nuestro futuro, tanto como educadores como personas que van a llegar a la vejez:
(Belando, 2000:37:38). Destacamos las siguientes:

La persona que envejece debe desarrollar estrategias de afrontamiento constructivas para tener un envejecimiento saludable, pero dichas estrategias deben estar presentes en etapas anteriores de la vida; de otro modo seria difícil su adopción, aunque no imposible, pues el ser humano es susceptible de perfeccionamiento y puede adquirir en esta etapa hábitos saludables de vida.

Tener vínculos de intimidad, afecto y cariño, no solamente con la pareja y la familia, sino con los amigos y otros grupos.
Se ha comprobado que el grado de organización y complejidad del comportamiento diario de una persona es un aspecto que influye en la longevidad. El adulto mayor cuando se jubila debe tener un proyecto de vida y reestructurar su tiempo y su espacio haciendo que sean de vitalidad personal (Escarbajal, 1994). el educador debe reforzar en la persona mayor los hábitos y conductas enmarcadas en un alto nivel de organización. Puede resultar muy beneficioso que el anciano realice una planificación de sus actividades diarias.

Buscar nuevas metas, nuevos motivos de satisfacción y orgullo, es un medio para conseguir ser feliz en esta etapa de la vida. “Saber envejecer es la mayor de las sabidurías y uno de los más difíciles capítulos del gran arte de vivir. Anclándose en el pasado, solo se conseguirá frenar el desarrollo y acelerar la decrepitud.




viernes, 30 de junio de 2017

La animación sociocultural como metodología específica de intervención con personas mayores



La animación sociocultural

Se plantea también, necesariamente, como una metodología de trabajo en grupo y en interacción personal y que puede buscar la consecución de diversos objetivos, ya sean de aprendizaje (animación formativa), de comunicación y de relación interpersonal (animación relacional) o con una mayor proyección terapéutica (animación estimulativa).

De este modo, la utilización de determinadas técnicas y conocimientos propios de la animación de grupos, entendida como antítesis de la metodología tradicional escolar o de corte academicista, ofrece un sentido relacional y lúdico que se convierte en la base de la acción pedagógica en la vejez. En este caso, y aunque la mayor parte de las técnicas de trabajo especificas que utiliza puedan estar apoyadas en técnicas vivenciales de animación de grupos (técnicas y actividades de presentación, conocimiento, comunicación, autoestima, asertividad resolución de conflictos...), se logran completar los tres ejes de las necesidades de los mayores (Sociabilidad, Seguridad, Conocimiento y desarrollo personal).

La Animación Sociocultural:
  • Abarca el ocio.
  • Favorece el desarrollo de una comunidad.
  • Provoca cambios de actitud y de conducta en las personas.
  • Las actividades son desinteresadas.

Algunos de sus objetivos a lograr:
  • Favorecer que los mayores participen en el grupo, intentando mejorar su calidad de vida.
  • Vivir en relación con el grupo, que se acepten y se respeten en sus valores y creencias.
  • Darles la oportunidad de que puedan intercambiar sus ideas y expresarse libremente.
  • Motivar a los mayores para que sigan activos, creativos, participativos, críticos, solidarios y útiles a la sociedad.


      
     
    La figura que imparte el Curso


    Es la persona que inspira y motiva a los demás. Es el responsable de lo que sucede en el grupo, él propone los ejercicios, pero sin negar la corresponsabilidad de los participantes en ese taller.

    El monitor no es solamente la persona que entretiene y que organiza salidas, no es solamente un experto en juegos. Un monitor es un educador y, para ser educador, tiene que ser uno mismo, debe tener un espíritu crítico, ser auténtico y buscar el equilibrio.

    El taller debe constituirse en un “espacio privilegiado” donde ocurren procesos profundos en cada una de las personas. Por ello, la información no sale al público ni se mencionan nombres, lo que acrecienta la confianza y fidelidad del grupo.

    El educador hace las funciones de guía, de inspirador, de apoyo y ayuda a los participantes a crecer.

    Él crece en cada curso, si es que ha mantenido una actitud abierta y de autoobservación en un camino inacabado de aprendizaje continuo.

    Es un ser con valores y sentimientos, que comparte y se expresa con entusiasmo, por ello su presencia acapara la atención. Es flexible, pero sabe exigir. Deberá ser una persona disciplinada y manejará situaciones de conflicto y ambigüedad. No debe rendirse ante el fracaso.

    Debe ser responsable de formar a cada persona en el aprendizaje de percibir las realidades cotidianas desde otra perspectiva más favorable.

    El profesional que va a trabajar desde el humor ha de ser, ante todo, una persona optimista, cargada de razones para reír y exteriorizar su alegría, para contagiar a los demás su visión positiva de la vida. Ha de ser capaz, a través del ejemplo, de romper con las creencias destructivas y sembrar, desde la empatía, la paciencia y la comprensión, la esperanza y la ilusión en las personas que acuden al taller.

    Debe trasmitir a los mayores la necesidad de vivir el presente con entusiasmo, para que disfruten de las pequeñas cosas y hacerles ver que la felicidad es el camino a recorrer, no una meta a la que llegar de cualquier modo.

    Reaprender a reír puede ser una de las mejores estrategias para sanar a los que en estos momentos sufren dolor físico o de espíritu.

     
    Pienso

    A la hora de impartir formación en distintos organismos tanto privados como públicos, nos encontramos con una población cuya predisposición a trabajar no es siempre la misma, bien sea por falta de motivación bien por impedimentos de tipo físico o psíquico. 
     
    Se dice que los mayores son poco participativos, pero el error está en que no lo hacen porque a menudo se les ofrecen demasiadas actividades, de las cuales una gran mayoría no les motiva.

    Naturalmente, cada grupo precisará una adecuación y adaptación de la metodología y técnicas a utilizar en función de sus características específicas y de sus intereses particulares.

    Creemos que a la hora de preparar un programa, proyecto o cualquier tipo de curso o taller, debemos tener en cuenta: primero, que las actividades llenen todas las esferas, (tanto de conocimiento, como físicas y psíquicas) y segundo, que motiven a nuestros alumnos.
     
    Debemos considerar ser mayor siempre como enriquecimiento y siempre abierto a muchas posibilidades, nunca como deterioro o problema social. Buscamos el desarrollo de su potencialidad más que la manera de entretenerlos. Ellos así lo entienden y de hecho aportan “su sabiduría”.

    Uno de nuestros objetivos es conseguir su desinhibición (aunque es algo que ya va con ellos, como lo demuestran en los talleres), enseñarles a relacionarse, disfrutar con los demás, saber vivir y así empezar a lograr que se motiven por sus tareas.

    Los educadores, pedagogos, terapeutas, psicólogos y demás profesionales que trabajan con personas mayores reconocen la importancia del sentido del humor: 
     
    Tanto de cara a la propia estabilidad emocional y cuidado personal, al trabajar con una población vulnerable, como en la búsqueda de estrategias de intervención socioemocionales creando talleres, elaborando materiales o diseñando dinámicas.

    Debemos enseñar a los mayores Fortalezas y Habilidades Sociales y hacer en nuestros cursos un seguimiento para valorar cómo las van perfeccionando, a la vez que las ponen en práctica en situaciones reales.
    Debemos motivarlos a salir y comunicarse con los demás, superar momentos de apatía, así como valorar aquellos instantes, situaciones y personas que les hacen reír y divertirse, con el objetivo de establecer una buena comunicación consigo mismos, con las personas con las que se interrelacionan y con el entorno.

    En nuestros cursos cobran un especial auge el sentido del humor y la risa. Sobre esto partimos a la hora de plantearnos los objetivos.
    Entre las personas que ríen juntas se establece un vínculo de solidaridad. ”Cuanto más se divierte uno, más unido está el grupo. A veces el grupo se crea de la nada a partir de la risa”.

    Es también una experiencia social, nos ayuda a sentirnos más relajados con los demás, fomenta la sensación de unidad y pertenencia al grupo y reduce los sentimientos de soledad o aislamiento. 
     
    Estar activo durante la vejez es uno de los factores que mejor explica el bienestar subjetivo porque, además de ejercer un efecto directo sobre la satisfacción con la vida, el realizar actividades es positivo para la salud física, mental, la percepción del envejecimiento y las relaciones sociales. Variables, todas ellas, fundamentales para mejorar el sentimiento de felicidad (Zamarrón y col, 2000).

    Utilizar el humor como herramienta educativa es una de las causas más serias  e inteligentes que se le ha ocurrido al ser humano. Si al comenzar un curso o un taller sorprendemos, rompemos los esquemas, mantenemos la atención de los alumnos, con un juego o una dinámica, estamos logrando que ellos comiencen a descubrir un mundo fascinante que pondrá en movimiento todas las emociones y no los dejará indiferentes.

    En los talleres, cursos... se tomarán técnicas de las más diversas procedencias: actorales, dinámicas de grupos, expresión corporal, clown, juegos, masajes, memoria, relajación, etc.

    Desde mi experiencia

    "Hoy soy una persona feliz. Gracias a todos los que habéis estado ahí ayudándome para lograrlo."

    Trabajo con mayores desde hace varios años y, a lo largo de todo este tiempo, he aprendido que estas personas tienen muchas ganas de participar en cursos y talleres. Es gente con problemas comunes: la soledad, la falta de comunicación y el deseo de relacionarse. Y uno de los pocos lugares con que cuentan para poder hacerlo es en los centros de mayores, asociaciones y otros organismos.

    Su nivel de desinhibición es muy grande y, cuando están en grupo, dan lo más importante de ellos: la alegría, la imaginación, los recuerdos y las ganas de jugar.

    Busco la manera de llegar a ellos a través del juego y del humor. El juego es la mayor herramienta que tenemos los humanos para conocernos, comunicarnos y desarrollarnos. En el juego solemos comportarnos tal como somos y nos permitimos actuaciones que probablemente reprimiríamos en la vida real.


     
    Para conseguir el máximo provecho de los juegos tenemos que hacerlos de una forma natural, sin complejos ni vergüenzas, de una forma desinhibida, como lo hacen los niños, procurando mostrarnos tal cual somos en la vida normal.

    "Defendemos el uso del juego en la vejez por el simple placer de jugar, de divertirse y de disfrutar."

    Trabajamos también el movimiento, la dramatización, el conocimiento y el sentido del humor. Les animo a que vivan el ahora, que se ocupen del presente, que disfruten, que consigan jugando y riendo librarse de actitudes mentales negativas.

    Siempre que empezamos un curso, lo primero que les digo es: cultivar la ilusión, fortalecer las ganas de vivir y poner en práctica las habilidades para la vida que enseñamos. Eso es lo que quiero conseguir al final del curso, es mi principal objetivo.





jueves, 25 de mayo de 2017

WABI-SABI, " El arte de buscar la belleza en lo imperfecto, "


Introducción:
Con este artículo cierro el capítulo dedicado a la filosofía y tradición Japonesas.
Anteriormente hablamos del kaizen y del Kintsukuroi.
Hablaremos del Wabi-sabi: El Wabi-Sabi es una filosofía japonesa nacida alrededor del siglo XIV, que surgió como reacción a la perfección y suntuosidad china de los siglos anteriores. Se define como la belleza de las cosas imperfectas, mudables e incompletas.

Definición:
Es un término estético japonés que describe un tipo de visión estética basada en "la belleza de la imperfección". Dicho punto de vista está frecuentemente presente en la sociedad japonesa, en forma de elementos de aspecto natural o rústico que aparecen en los objetos cotidianos o en algunos elementos arquitectónicos.
Numerosas artes japonesas, durante los últimos milenios, se han visto influidas por el Zen y la filosofía Mahayana, especialmente en cuanto a la aceptación y contemplación de la imperfección, el fluir constante y la impermanencia de todas las cosas. Dichas artes ejemplificarían la estética wabi-sabi, como son:
  • Honkyoku (música tradicional para shakuhachi de los monjes Zen)
  • Ikebana (arreglos florales)
  • Jardines japoneses,( Zen) y bonsáis
  • Poesía japonesa (especialmente el Haiku)
  • Alfarería japonesa (Haigi ware)
  • Ceremonia del té japonesa

Cuando cualquier cosa logra recordarnos, de manera suave y melancólica, que nada es perfecto, que nada dura para siempre y que nada está terminado, merece llamarse Wabi-Sabi.
Tomando como ejemplo la ceremonia del té: para los monjes zen este ritual era una forma de meditación, de dar un espacio para la toma de conciencia del momento. Veían en esta antigua tradición una manera de expresar lo que es difícil de decir, una forma de vida en la que cada detalle, postura y pensamiento resultaba un antídoto para el dolor, el desequilibrio y el duelo de la vida.
La palabra Wabi se refería inicialmente a la soledad de vivir en la naturaleza, lejos de la sociedad; mientras que Sabi se traducía como frío, flaco o marchitado. Pero juntos estos vocablos adquieren un significado más positivo, que hace referencia a la belleza de lo imperfecto, defectuoso o inacabado.
Así, wabi, significa realmente «pobreza». Es decir, no depender de las cosas terrenas —riqueza, poder, reputación— y sin embargo sentir interiormente la presencia de algo sumamente valioso por encima del tiempo y la posición social: esto es lo que en esencia constituye wabi.
La palabra sabi intenta transmitir una sensación de desolación. Implica un espíritu de absoluta soledad y la idea de que no hay nada que permanezca inmutable y de que todos los seres vivos están destinados a morir. Procede del vivo deseo que sentimos de recuperar el mundo de nuestra infancia, el mundo del momento presente, no definido por el lenguaje o los valores que constituye una pura experiencia de la realidad.
 
En esencia, Wabi-Sabi es el arte japonés de la búsqueda de la belleza en la imperfección y la profundidad en la naturaleza, de aceptar el ciclo natural de crecimiento, la decadencia y la muerte. Es simple, lento, y venera la autenticidad por encima de todo.
Esa es la premisa que predica el Wabi-Sabi, el arte japonés que resalta lo fugaz y poco permanente de la existencia, honrando lo rústico, roto, incompleto, viejo y erosionado por el paso del tiempo; así como también la calidez de los objetos de la naturaleza.
Arraigada en el budismo zen, esta antigua filosofía estética contiene así una de las claves para entender la vida de una forma renovada, más libre y disfrutable.




Autores
Esta idea zen, corriente estética o filosofía de vida ha interesado a autores occidentales. Leonard Koren, responsable del libro Wabi-Sabi para artistas, diseñadores, poetas y filósofos (Renart, 2008), opina que esta visión de las cosas “puede llegar a ser un modo de vida. Y, como mínimo, es un particular tipo de belleza”.
Se refiere a aquella belleza imperfecta, impermanente e incompleta. Algunas características de la estética Wabi-Sabi son la asimetría, aspereza, sencillez o ingenuidad, modestia e intimidad, y sugiere además un proceso natural.
El Wabi-Sabi ocupa la misma posición en la estética japonesa que en Occidente ocupan los ideales griegos de belleza y perfección.
  Andrew Juniper afirma que:
Si un objeto o expresión puede provocar en nosotros una sensación de serena melancolía y anhelo espiritual, entonces dicho objeto puede considerarse wabi-sabi.
Este pasaje de Andrew Juniper lo resume bien:
El término Wabi-Sabi sugiere tales cualidades como la impermanencia, humildad, asimetría e imperfección. Estos principios subyacentes son diametralmente opuestos a sus opuestos occidentales, cuyos valores están basados en el punto de vista helénico que valora la permanencia, la grandiosidad, la simetría y la perfección.
El Wabi-Sabi es una apreciación intuitiva de belleza trascendente en el mundo físico, que refleja el flujo irreversible de la vida en el mundo espiritual. Es una belleza comedida que existe en lo modesto, rústico, imperfecto o incluso lo decaído, una sensibilidad estética que encuentra una belleza melancólica en la impermanencia de las cosas.
Richard R. Powell lo resume diciendo que:
Ello (el Wabi-Sabi) cultiva todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completado y nada es perfecto.
En el primero de sus libros, el autor Richard R. Powell propone todo un estilo de vida acorde a este concepto. Un trabajo Wabi-Sabi sería aquel en el que uno hace lo que realmente le gusta, sin estrés, presiones ni jornadas interminables; una alimentación Wabi-Sabi valora lo local y humilde, al mismo tiempo que saborea lo exótico; y una filosofía de vida Wabi-Sabi es la que vive el presente y encuentra la paz y la armonía en la naturaleza y las pequeñas cosas.
La psicóloga, experta en duelos y con consulta en Mérida, Ana Yáñez, opina que una forma de pensar más Wabi-Sabi nos podría ahorrar muchos sinsabores y nos ayudaría a disfrutar más de la vida: “El perfeccionismo, el miedo al fracaso y la no aceptación de las pérdidas son aspectos que nos impiden una postura más flexible, relajada y realista de la existencia. Antiguamente nuestras abuelas veían la vida, influidas por el concepto cristiano, como un valle de lágrimas; pero ahora nos hemos pasado al extremo opuesto y existe la presión de que tenemos que ser perfectos, felices, disfrutar al cien por cien, mantenernos con aspecto joven el mayor tiempo posible y ser excelentes profesionales. Algo que no se corresponde con la realidad y que nos crea mucha ansiedad. El Wabi-Sabi nos reconcilia con la incertidumbre, el miedo, el paso del tiempo, el fracaso, o el hecho de que no siempre hay respuestas; pero que también se puede vivir entre todas estas cosas y llegar hasta a disfrutar de ellas. Yo siempre digo a mis pacientes que somos las personas perfectas para un mundo imperfecto”.
Daisetz T. Suzuki fue una de las autoridades más importantes de Japón en el budismo zen y uno de los primeros estudiosos en interpretar la cultura japonesa para los occidentales. Él describió Wabi-Sabi como “una apreciación estética activa de la pobreza.” Claro que su concepto de la pobreza es muy diferente al occidental, el suyo es más romántico y parte de la idea de eliminar el enorme peso de las preocupaciones materiales de la vida. “Wabi es estar satisfecho con una pequeña cabaña, una habitación de dos o tres tatamis y con un plato de verduras recogido en los campos vecinos, y tal vez escuchar el sonido de una lluvia de primavera suave”.
Filosofía

Nada dura, nada está completo, nada es perfecto. Este concepto zen de la estética y la vida irrumpe en Occidente como herramienta en la búsqueda de una existencia más feliz
Fujiwara no Sadaie, poeta japonés del siglo XII, escribió un poema del cual se dice que capta el espíritu del wabi- Sabi:
 
Miro a lo lejos
Y no veo cerezos
Ni hojas matizadas:
Sólo una modesta cabaña en la playa
A la luz de un atardecer de otoño.

El Wabi-Sabi es una filosofía japonesa nacida alrededor del siglo XIV que surgió como reacción a la perfección y suntuosidad china de los siglos anteriores. Y se define como la belleza de las cosas imperfectas, mudables e incompletas.
Personalmente, me atrae su rebelión contra las superficies uniformes en su firme defensa de lo mellado y rústico.

Dice la leyenda que los japoneses del siglo XIV decidieron aplicarlo a la tan venerada ceremonia del té, saliendo de sus suntuosos palacios a sentarse en chozas que se fabricaban con materiales humildes, y sentarse en el suelo o asientos de madera mientras batían la espuma del té verde. El acercamiento a la naturaleza y la sencillez glorificaba la ceremonia.
Una vida de pobreza era el ideal Zen al que aspiraban los monjes que deseaban alcanzar la verdad última de la realidad, de ahí que surgiera, de estas imágenes negativas, el ideal de una persona que ha trascendido el deseo de gozar de las comodidades del mundo físico y ha conseguido encontrar la paz y la armonía en la vida de lo más sencillo. Se aprende a ser autosuficiente con la insuficiencia de las cosas.
Su belleza está en la aparente imperfección. En esa emoción que implica la aceptación del inevitable ciclo de la vida, lo auténtico, natural y genuino. Si las personas pudiéramos aplicar esta sabiduría a nosotros mismos, seríamos un poco más felices.
Lo que más me atrae de esta filosofía es que reverencia lo simple, lo real, lo auténtico; sin pretensiones de ser algo más y, precisamente por ello, le da un carácter bello.

Sabemos que todas las cosas positivas en la vida siempre tendrán su contraste en lo negativo, por eso las apreciamos y valoramos. Si en estos momentos nos toca estar abajo, sabemos que pronto saldremos arriba, a la luz.

Qué es Wabi-Sabi
Qué no es Wabi-Sabi
Hecho a mano
Manufacturado
Madera deteriorada
Laminado plástico
Piedras rodadas de río
Mármol pulido
Mercados locales
Supermercados
Flores silvestres
Flores modificadas
Lana
Lycra
Papel de arroz
Papel lustre
Cerámica de arcilla
Porcelana
Algodón crudo
Cashmere
Billie Holliday
Britney Spears
Latte
Luz de Luna
Luz Solar
Artesanía
Rococó
Paredes despintadas
Concreto
Tinta China
Bolígrafos
La montaña y sus ríos
Disney World
Haikus
Poesía Romántica
Ikkyu Sojun
Paulo Coelho
El noble silencio
La especulación

Reflexión

El Wabi-Sabi, como una herramienta de contemplación y una filosofía de vida, podría tener una inesperada relevancia como antídoto a los problemas sociales.


Creo que las personas nos sentimos más cómodas con la imperfección, tal vez porque nos permite a nosotros también serlo, siendo singulares para seguir aprendiendo siempre con lo que vivimos.
Una vez trasladamos esta corriente de pensamiento a nuestras vidas, al ser humano, podemos ver la perfecta imperfección que somos, cada uno con su historia, sus condicionantes educacionales, sociales y emocionales, con “su imperfección”, que es perfecta, para mostrarle hacia donde debe mirar en pos de su desarrollo personal.
Esa belleza imperfecta, impermanente (ya que, como decía Lao Tze, lo único permanente es el cambio) e incompleta, por la continua evolución y desarrollo que es la vida en sí.
Ante esta perspectiva lo único que puede nacer desde dentro de cada uno es la profunda aceptación de la vida y sus procesos en cada uno, con ese continuo movimiento, que es el sentido de la propia vida.
Más allá del sistema de pensamiento de cada cual emerge la corriente Wabi -Sabi, para entender, apreciar, y disfrutar la perfecta imperfección que somos.
El Wabi-Sabi es una apreciación estética de la evanescencia de la vida. Las imágenes Wabi- Sabi nos obligan a contemplar nuestra propia mortalidad y evocan una soledad existencial y una delicada tristeza. También provocan un alivio agridulce, ya que sabemos que toda existencia comparte el mismo destino.
  Quizá precisamente porque el término sugiere lo opuesto a nuestra idea de la belleza, el Wabi-Sabi sea tan importante de este lado del mundo. Necesitamos perdonar el accidente y la anomalía porque, primero que nada, de eso estamos hechos. Estamos hechos de finitud y de asimetrías.